La planta tiene una raíz
carnosa, extraordinariamente potente, que le permite adaptarse
a una extensa gama de suelos. Las hojas son grandes al principio,
dispuestas en roseta. Posteriormente se alarga el tallo
floral, en cuyo extremo aparecen los capítulos, inflorescencias
o conjuntos de numerosas flores diminutas dispuestas en
un receptáculo y rodeados de brácteas carnosas.
Estos capítulos son las alcachofas, la parte comestible
de la planta.
En España la variedad
más cultivada, casi la única para mercado
nacional, es la Blanca de Tudela, de capítulo oval,
más bien pequeño, compacto y verde, que además,
es muy temprana; es capaz de estar produciendo todo el otoño
e invierno, cuando la alcachofa se comercializa en fresco
para mercado interior o exportación, aunque sea en
primavera cuando da la mayor cosecha (la única en
zonas frías), que se destina principalmente a industrialización.
Entre las cualidades de la
alcachofa, su parte comestible proporciona un 12% de glúcidos,
cuya sexta parte la constituye un azúcar muy peculiar,
la inulina, que la toleran muy bien los diabéticos,
por lo que se considera un magnífico alimento para
ellos. También favorece el metabolismo de las grasas
y la urea, contribuyendo a la regulación de las funciones
hepáticas y renales. El consumo de alcachofa ayuda
a prevenir problemas circulatorios y cardiovasculares. Es
un componente habitual de la “dieta mediterránea”,
forma parte de esos caprichos que proporcionan muy pocas
calorías y regulan el nivel de colesterol, y un producto
que, además de tener aquí su origen, prácticamente
aquí se conserva.
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